Confianza ciega


Hace ya un par de semanas que se celebraron los juegos paralímpicos de invierno. No es que sea seguidora de este tipo de eventos deportivos, pero como siempre que es necesario recibir un mensaje importante, la vida usa sus recursos para que se reciba puntualmente.
El caso es que estaba viendo las pruebas de slalom para deficientes visuales, donde los participantes bajan una pendiente cubierta de nieve subidos en unos esquís, que se deslizan que da gusto. Se dejan orientar por unos guías videntes (que no son los que tienen dos dientes…sino que ven, vamos…)que esquían delante de ellos señalándoles el circuito mediante indicaciones verbales, a grito pelao...para que nos entendamos.
Considero que mantener el equilibrio sobre dos tacones, ya es por sí misma una actividad de alto riesgo, así que no mencionaré alguna que otra funesta incursión en el mundo de los patines (¡de 4 ruedas!).
No es necesario mencionar el afán de superación y el poder mental y físico que hay que desarrollar para competir con una deficiencia visual, pero lo que realmente me llamó la atención es el ejercicio de confianza que hay que realizar para lanzarse colina abajo contando casi exclusivamente con la guía del compañero que va delante indicando el camino a seguir, sorteando las banderitas del slalom y frenando en el lugar adecuado.
En mi caso (mi ombligo al escenario de nuevo) tendría poner en marcha un esfuerzo titánico para confiar de esa manera en alguien, completamente segura de que no me va a dejar que me lance por un precipicio o estamparme contra un árbol.
Me resulta una buena imagen para empezar a confiar en mí misma, y es entonces cuando podría confiar en mi hermano, en la humanidad, en el universo…en la VIDA.
Y a partir de aquí conseguiría comprender muchas cosas.

12 comentarios:

Carlos Málaga 21:58:00  

Día a día me sorprendes .... me encanta. Gracias.

Clematide 23:03:00  

Me alegra que te encante, y sobre todo que tu capacidad de sorprenderte esté aún viva...a veces la vamos perdiendo con la vida y es como perder la chispa.
Me halaga y me gusta mucho tu visita, Carlos, gracias.

Carlos 8:59:00  

Pues me parece que no te queda otra que la de confiar. Creo que para eso es mejor no pensar pues sinó uno no se sumerge en las frias aguas del mar.
Un besito

Monelle/Carmen 18:08:00  

Lecciones de vida hay a montones, y generalmente las pasamos por alto hasta que alguna circunstancia nos las muestra. La superación es ya de por sí, la mas importante, y prueba de ello es ya no sólo ejercitar la vida después de un trauma importante, sino encima de ello, sacar de ésta todo lo que puede darnos. Es admirable. Besitos Loli y feliz semana.
Carmen

iris 22:11:00  

La confianza ciega en la persona que nos guia es algo que tengo que solucionar . Me cuesta delegar, seguro que hay algún desengaño que está pendiente de solucionar . Me gusta que me hagas reflexionar . Besos guapa .

Clematide 22:41:00  

Ahí me has dao, Carlos. Yo soy de las que pasan media hora en la orilla "tanteando" la frescura del agua...se ve que ha llegado la hora de zambullirse de cabeza en la vida...
Un besito, Carlos.

Clematide 22:42:00  

Verdaderamente admirable, Carmen, todo un ejemplo de vida, para que luego andemos quejándonos por tonterías...
Muchas gracias por venir, preciosa!

Clematide 22:43:00  

Estamos todos en el mismo barco Iris, y todos somos reflejo de todos, por eso también tu comentario me sirve a mi.
¡Gracias!

chati 12:28:00  

Casualidades de la vida yo tambien lo vi y me asombre, aunque yo como no le encuentro el significado tan bello como haces tu siempre, pense que no veas como se dejaba la garganta el pobre vidente (de dos dientes) junto al atleta. Me encanta que haya personas con ese afan de superacion y que puedan disfrutar de cosas que ni uno mismo (por ejemplo yo), somos capaces de hacer por miedo.

Clematide 0:31:00  

Chati preciosa, si todos viésemos el mismo significado en las cosas de la vida...esto sería ¡aburridíiiiiiisimo!. El miedo es útil en algunas ocasiones, pero tal como dices, nos impide hacer muchas cosas interesantes...
Muchos besitos guapisima.

Manel Aljama 12:22:00  

Visto así parece temerario como dices confiar en un guía que va delante tuyo. Pero esto lo decimos como videntes (que vemos con los ojos) pero que no dejamos de ser muchísimo más vulnerables que un invidente.

Te cuento: la confianza del ciego creo que se parece más a un cordón de plata que a otra cosa. Verás, recuerdo cuando hacía teatro que practicábamos un ejercicio que consistía en cerrar los ojos, relajarse y dejarse caer. Estábamos rodeados por el grupo que nos iba aguantando y dando vueltas como en un carrusel. Con ese juego se pretendía fomentar la confianza mutua y por supuesto perder muchos miedos.

¡Claro que la primera vez pensé que era un broma y me la iban a pegar! Teía 17 años y desconfiaba mucho, muchísimo. Pero pasó el tiempo y aprendí a base de caídas a detectar de quién y de quién no se podía confiar. Lo sé y no tengo palabras para explicar cómo, es como un detector. Supongo que ese detector se les enciende a los que pierden la vista o tal vez los que nos preocupamos por estos temas o nos hemos pegado muchos tortazos pero hemos tenido la suerte de rehacernos.

Mil gracias por el post tan bueno y por la reflexión que me ha permitido escribir esto.

Besos mil

Clematide 23:20:00  

La edad nos da cierta perspectiva que la juventud aún no tiene.
Gracias Manel por tu enriquecedora participación, completas un poco más mi reflexión sobre la confianza.
Un beso!

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