Ceremonia de lo efímero


Mandalas de arena


Los mandalas son diagramas o representaciones esquemáticas y simbólicas del macrocosmos y el microcosmos, utilizados en el budismo y el hinduismo. Estructuralmente, el espacio sagrado (el centro del universo y soporte de concentración), es generalmente representado como un círculo inscrito dentro de una forma cuadrangular. En la práctica, los yantra hindúes son lineales, mientras que los mandalas budistas son bastante figurativos.
Los Mandalas de Arena son una tradición budista tibetana que simboliza la transición natural de las cosas. Los mandalas están hechos con granos finísimos de arena coloreados; a los cuales, los monjes tibetanos, dedican muchos días en su creación. Después de la santificación del Mandala, los monjes proceden a destruirlo; siguiendo esta tradición milenaria.

En general los mandalas de arena se construyen sobre una superficie plana de madera. Antes de comenzar su elaboración, se hace una ceremonia para consagrar el lugar invocando a los seres iluminados como testigos del trabajo meritorio que se llevará a cabo y se pide permiso a los espíritus dueños de la tierra para que no obstaculicen el trabajo. Con ese propósito se realiza la danza de los “sombreros negros”.
Una vez terminada la ceremonia, se comienzan a trazar con gis las líneas que servirán como guía para colocar la arena. Todo esto se aprende de memoria y está basado fielmente en las escrituras budistas; no hay espacio para el error o la improvisación. A continuación se empieza a colocar la arena desde el centro hacia las orillas, simbolizando el hecho de que al nacer sólo somos una gota de esperma y un óvulo, y vamos evolucionando hasta que el universo entero se percibe a través de los sentidos. Cuando el mandala está terminado y llega el momento de desmantelarlo, la arena se recoge de las orillas hacia el centro, representando cómo al morir regresamos de nuevo a la fuente primordial en el centro de nuestro corazón.
Para “dibujar” con la arena, se emplea un cono de cobre llamado chang-bu, el cual tiene ranuras en uno de sus lados y con una varita delgada de cobre se frota suavemente de tal forma que la arena sale finamente por el pequeño orificio al final del cono gracias a la vibración. Esto permite crear dibujos extraordinariamente pequeños y precisos.
Cada elemento del mandala encierra un profundo significado y la figura central simboliza al Buda en el cual se basa la construcción del mandala.
Al observar detenidamente un mandala de arena, podemos ver que es como un palacio visto desde arriba en el cual hay torres, cada una con su entrada hacia una de las cuatro direcciones, a su vez representadas por colores: amarillo para el norte, verde para el sur, azul para el oeste y rojo para el este. En cada una de estas entradas se encuentra un guardián o protector. Es posible identificar también columnas y arcos, alrededor de las cuales se ubican vallas como las de vajras y fuego.
Cuando la construcción de un mandala de arena se termina, se lleva a cabo una consagración en la cual se invoca al Buda para que permanezca en esta residencia. Se agradece a los espíritus locales por no haber creado obstáculos durante la elaboración y se dedican los méritos acumulados por la creación de un mandala para la sanación del planeta y sus habitantes. Al finalizar dicha ceremonia se comienza a recoger la arena y esto cumple con dos propósitos fundamentales: primero, demostrar la impermanencia de los fenómenos (tarde o temprano todo se termina y el apegarnos a lo efímero sólo nos trae sufrimiento); el segundo propósito tiene que ver con el ideal de querer beneficiar a los demás con nuestros actos y por esa razón se reparte la arena entre quienes presencian la ceremonia de clausura como una bendición, mientras que otra parte de la arena se deposita en un cuerpo de agua como un río, un lago o directamente en el mar, con la intención de purificar el ambiente y a sus habitantes, y llevar esa bendición a todos los rincones de la tierra.
El patrocinar, colaborar o simplemente observar la creación y el desmantelamiento de un mandala de arena, tiene efectos purificadores muy profundos para los seres y el ambiente donde se construye. Las deidades y espíritus locales se complacen y se regocijan, por lo cual mandan sus plegarias para que prevalezca la paz y la prosperidad en esa tierra.

En conclusión, a veces, un mandala es un trabajo conjunto de varios monjes, que dibujan en el suelo un gran mandala con arena de colores con suma paciencia a la vez que se relajan y meditan ayudados por oraciones, música y danzas. Sin embargo, después de este laborioso trabajo y hermoso resultado, borran el mandala para rehacerlo nuevamente sin apegarse a su obra, recordando con ello lo efímero de esta vida en la tierra.


Fuente Internet

4 comentarios:

Monelle/Carmen 7:34:00  

Hermoso debe poder ser testigo de su confección. Me llaman poderosamente la atención. Y me asombro de lo que tardé en tener conocimiento de ellos.
Besos de miércoles Loli.
Carmen

Carlos 9:55:00  

Para muchos, el mandala es el logro de la perfección, pero Jung creía que la perfección de la personalidad solamente se alcanza con la muerte. Los estoy descubriendo ultimamente y hay algunos que me cautivan.
Hasta la tarde.
Un beso muy grande

Clematide 21:51:00  

Estos además son especialmente bellos, porque a pesar del inmenso trabajo que tienen, emociona que luego sean capaces de deshacerlo así, sin más. Aqui cerquita tenemos una Stupa y tiene uno, aunque protegido por un cristal, es bellísimo...
Gracias por tu visita Carmen.

Clematide 21:53:00  

También se usan para meditar mientras los haces, dejándote llevar por la creatividad del alma.
Lo que dice Jung es interesante, y si lo vemos desde el punto de vista de las clases, totalmente cierto, cuando nos deshacemos de la personalidad, queda lo que ES ¿no?
Gracias Carlos, me encantan tus comentarios.
Un beso

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