Escuchar...


La mayoría de los que nos acercamos al mundo de las terapias naturales, ya sea como terapeutas, o como usuarios, buscamos un método alternativo, natural, y holístico de solucionar una dolencia. Buscamos soluciones no agresivas como complemento o alternativa a la medicina alopática o convencional.
El término holístico hace alusión a la contemplación del ser humano como un todo. No solo en el sentido físico, donde entendemos la relación que existe entre zonas remotas en el organismo y por ejemplo podemos encontrar que una contractura en el cuello puede derivarse de un problema en el pie, o cualquier otra zona lejana aparentemente sin relación.
También se tiene en cuenta el impacto mental y emocional sobre el cuerpo físico. Se podría decir que el cuerpo físico es receptáculo de todos aquellos procesos mentales y emocionales que se producen consciente o inconscientemente.
No es difícil poner un ejemplo: cuántas veces hemos sentido cómo algo que no podemos “digerir” nos afecta al estómago, o hemos sentido los hombros rígidos cuando “cargamos” demasiado la espalda de cuestiones sin resolver. Es por eso que a veces el cuerpo físico es un mapa donde podemos encontrar pistas que nos señalan el origen de una determinada dolencia. Esto es lo que realmente busca un buen terapeuta natural: la raíz del problema, el origen de una determinada dolencia, no solo un paliativo para el dolor o la molestia.
A veces tirando del ovillo nos podemos encontrar muchas sorpresas, y casi todas, tienen su origen en un pensamiento, o una emoción que no hemos podido, o sabido digerir o canalizar. Hay metáforas muy significativas que nos conducen al origen, ya que hay zonas concretas del cuerpo directamente relacionada con una emoción, el miedo, la ira, la inseguridad...todas ellas se alojan en lugares donde, si no se tratan adecuadamente, producen una molestia física que puede convertirse en lesión si persiste en el tiempo.
El cuerpo nos habla. Pero no estamos acostumbrados a escucharlo.
No es fácil hacerse consciente de las emociones y de sus efectos, pero todos tenemos señales de alerta que se manifiestan en el cuerpo físico.
Hacerse consciente de ellas, y aprender a sensibilizarse y “escucharse” es un importante comienzo. Aprender a valorar sensaciones internas, prestar atención a los mensajes que llegan de alguna zona de nuestro cuerpo, sentir esas alertas que nos llegan de dentro.
Tenemos una herramienta valiosa que casi nunca usamos y que forma parte de esa sabiduría original que tiene el ser humano(entendiéndolo como un todo que engloba cuerpo, mente y espíritu), y que enlaza con el universal “todas las respuestas están dentro de nosotros”.
Quizá al principio no sepamos qué hacer con esa información, a veces intuitiva que nos llega de dentro, pero con la práctica conseguimos captar los mensajes con claridad, y hacernos responsables de nuestros propios procesos mentales, físicos y emocionales, como parte de una evolución consciente y responsable. Con esta información podremos orientar al terapeuta que nos acompañe en el proceso de sanación, aunque también este ejercicio de autoconocimiento nos da claves para iniciar nosotros mismos el proceso de búsqueda y solución de nuestros conflictos.
Edward Bach (descubridor de la terapia con Flores de Bach) definía a la enfermedad como un desequilibrio emocional que se produce en el campo energético del ser vivo, como una llamada del alma a acompañar su estado natural de equilibrio y armonía.
De ahí la importancia de empezar a escucharnos....
Oleo de Jesús Rodríguez de la Torre

2 comentarios:

Monelle 11:57:00  

Una aptitud positiva a la hora de emprender la curación o la recuperación es ideal para que el proceso sea lo más corto posible. Inrtentaré ponerme en ello la próxima vez que me encuentre mal.
Gracias por todos estos mensajes tan prácticos.
Besos.
Carmen

Clematide 21:47:00  

Gracias a ti por pasearte por aqui.
Besitos!

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